Mentes Brillantes I

Desde que puse las fotos en el blog anunciando próximos artículos sobre el Congreso habéis sido muchas las personas que me habéis preguntado por la experiencia de Mentes Brillantes.

Cuando, por el mes de abril, leí de que iba este congreso, cómo estaba organizado y quienes habían acudido en ediciones anteriores, tuve un flechazo, supe que debía ir, que vería, oiría y conocería tantas cosas, tantas personas y tantas experiencias interesantes e innovadoras que no podía dejar escapar la oportunidad.

Hoy una buena amiga me dijo que “necesito alimento intelectual”, que sin él me “marchito”,  y es verdad, aprender de otras personas, abrir mis ojos y mi mente a otros mundos, a otras realidades,  me anima, me fortalece, me hace sentirme viva y todo eso lo absorbo y, haciéndolo mío, solo pienso en la manera de contárselo o de llevarlo a mi entorno, a mi día a día.

Esa es la síntesis global de Mentes Brillantes: alimento intelectual.

El Congreso dura dos días en los que se desarrollan 21 ponencias de unos 21 minutos de duración cada una, al final de la mañana y de la tarde todos/as los ponentes, junto con Manuel Campo Vidal (moderador y presentador) hacen un pequeño debate, síntesis de todo lo expuesto.

El jueves 15 de octubre arrancaba el Congreso a las 10 de la mañana con la apertura a cargo de Manuel Campo Vidal y de José Antonio Marina, ni que decir tiene que escuchar a José Antonio Marina es un placer por lo claras y reveladoras que son siempre sus palabras. Y así comenzamos, con ánimos y muchas ganas de empezar a descubrir.

El primer bloque de ponencias llevaba por título ¿Somos educación? Y en él exponían el Dr. José Antonio Fernández Bravo (docente, escritor e investigador en educación y aprendizajes matemáticos), el Dr. Gregorio Luri Medrano (Doctor en Filosofía y profesor de la Universidad Complutense de Madrid), el Dr. Jorge Wagensberg ( Físico, profesor, investigador y escritor. Creador de Museos de Ciencia y Arte) y la Dra. Rana Dajani (Doctora en microbiología, enseña evolución en la Universidad de Jordanía. Fundadora del proyecto We love Reading)

Con esta sencillísima descripción de las personas que configuraban este primer bloque, creo que podemos hacernos una idea de la calidad de las ponencias y de todas las ideas que nos llegaban y que, inevitablemente, nos interpelaban y nos llamaban a la acción.

Resumir cada ponencia sería casi imposible pero sí quiero compartir lo que yo creo que fueron las ideas principales de estas primeras charlas:

  • “Solo enseña bien aquel que escucha”: creo que de un modo u otro esta idea se repitió a lo largo de todo el congreso. Muchas veces, en nuestra tarea docente las cosas se nos escapan por no escuchar o, mejor dicho, por querer escuchar lo que ya está en nuestra cabeza. Pararse a escuchar y, en consecuencia, a hablar con nuestro alumnado es la base de la buena práctica docente y el principio de cualquier cambio metodológico o cualquier innovación pedagógica. O escuchamos cuáles son las inquietudes, las preocupaciones y los deseos de nuestros chicos y chicas o nunca llegaremos a enseñarles de verdad porque, y esta es otra de las ideas clave, lo que de verdad se aprende es lo que nos toca el corazón, o dicho de otro modo, lo que nos emociona
  • Enseñar desde el cerebro del que aprende: cuando entramos al aula creemos tener todas las respuestas e incluso todas las preguntas, no damos opción a “salirse del camino” y nuestra creatividad y la de nuestro alumnado se coarta, se rompe porque los planes de estudio, las programaciones y toda la burocracia que va ligada al sistema educativo no se preocupa de cómo llegar a quienes, día tras día, se sientan en nuestros pupitres. O damos un salto y nos situamos ahí o nos quedaremos atrás
  • Atención a las “fugas de energía”: no creo que no haya ningún compañero o compañera de profesión que no sufra esas fugas de energía, obviamente serán muchas más las profesiones que se identifiquen con el término, pero la verdad es que era imposible no sentirse identificada con esa sensación de “apaga fuegos” constante; esas pequeñas “hogueras” que aparecen en el aula o en entrevistas o en reuniones de trabajo, desgastan mucho, desmotivan y acaban haciendo que nos sintamos sin fuerzas y con poca gana de hacer cosas nuevas o diferentes. Hay que atajar estas situaciones y afrontarlas. El estudio y el trabajo con la inteligencia emocional son claves.
  • Didáctica de la atención: uno de los problemas fundamentales con los que nos encontramos hoy día en el aula es de la falta de atención. Somos conscientes de la cantidad de estímulos que puede tener un niño o una niña en su vida diaria, además de eso hay poca cultura de la atención y en los colegios tampoco se trabaja con suficiente interés. El concepto de la tolerancia a la frustración (ver la entrada de ¿Y si me cae la ficha?) también aparecía. Asumir normas, momentos, cultivar el silencio (incluyendo el interior) y hacer mucha escucha activa eran destrezas básicas para desarrollar otras habilidades. Hacer lectura en alto en el aula, dejar ratos para el silencio, para la escucha de música o de exposiciones fueron algunas de las estrategias propuestas.
  • La tecnología no es sinónimo de innovación: ya hablé de este asunto en otra de las entradas del blog. Me preocupa especialmente este tema. No quisiera que cayésemos en el error de creer que la innovación consiste solo en poner muchos prezis, usar libros digitales y tener nuestro propio canal de youtube para subir vídeos de nuestras clases. Partimos de la base de que todo esto está muy bien y negarse a incorporar estos avances sería absurdo y supondría un claro retroceso de nuestras metodologías, pero creer que con esto ya está todo hecho es igual de erróneo. Puede que sea mucho más innovador desarrollar en el aula trabajos de inteligencias múltiples que llevan como base la inteligencia emocional o hacer algo tan sencillo como pararnos a hablar con nuestro alumnado a ver qué tienen que contarnos
  • El acompañamiento personal: esta idea enlaza directamente con la anterior. Es clave ser acompañantes y no solo maestros o profesoras. Debemos guiar, ayudar y acompañar en el proceso a nuestro alumnado. Ya no nos necesitan para que les demos unos simples conocimientos, nos necesitan para que les guiemos, les demos pautas, les abramos puertas y les digamos dónde están las barreras y qué hacer con ellas.

Con estas pinceladas cierro la entrada de hoy.  Y esto es solo la mañana del primer día. Seguro que os habéis quedado con ganas de más. El próximo post no se hará esperar.

Gracias por tanto

2 comments

  1. Hola Lucía,
    Muy cierto lo que reflejas en las conclusiones y mucho que aprender para poder hacerlo bien en las clases. Creo que si estamos convencidos de ello habrá que empezar por trabajarse a uno mismo en ese cuidado personal, de tiempos, y de silencios interiores, de calmas que hacen reflexionar mejor.Desde esa quietud interna se favorece esa parte más creativa y alegre que todos necesitamos.Creo que podemos transmitir con más sinceridad nuestras pasiones por este mundo tan bonito si dejamos un poco de espacio para que eso resuene en nuestro interior. Desde ahí podremos escuchar más y mejor.
    En el cole la experiencia de acompañamiento de alumnos es muy positiviva, porque fundamentalmente se les escucha…y eso que comentas es clave para trabajar con ellos y desde ellos. Y nosotros también lo necesitamos… Gracias por tus aportaciones! Un abrazo

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    • Gracias Ana. Yo creo que poco a poco iremos avanzando en este camino. Gracias a ti por seguir mi blog

      Responder

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