Atreverse

En varios post de otros blogs o en diferentes entradas de redes sociales, he ido leyendo, en esta última temporada, muchas afirmaciones, ejemplos o historias de triunfo que denostan la formación universitaria y que abogan por una especie de “no enseñanza” como base del éxito personal, haciéndonos creer que solo con ciertas habilidades emocionales, uno puede llegar donde se proponga.

Quienes hayáis ido leyendo mi blog o quienes me conocéis, sabéis cuánto creo en la formación emocional de las personas y cuánto reivindico un puesto real y sistemático para actividades de esa índole dentro del aula; pero todo ello puede acompañarse también de una buena y rigurosa formación universitaria sin que sea una lacra o algo de lo que parece que uno deba avergonzarse.

Hay personas que no han realizado estudios universitarios por miles de razones: no han podido, no han querido, o simplemente no era su vocación (también es verdad es que en este país hemos pecado, y mucho, de acudir en masa a la universidad y muchos y muchas sin saber muy bien por qué) y encontraban su sitio y su realización personal en una formación profesional (por cierto, estupenda y poco conocida) o en diversos campos laborales. Muchas de esas personas han salido adelante en la vida y otras no, igual que quienes han estudiado una carrera. Creo que hay muchos factores que influyen en esa conclusión y que son muchas las variables que están en juego.

Sin embargo, me preocupa esta cierta moda de no dar valor a los estudios y a la educación reglada porque tiene consecuencias nefastas para quienes se están formando y para quienes formamos.

He llegado a leer que hay gente que quita de su cv que tiene un doctorado porque no la cogerán para un puesto o que prefieren callarse los títulos que tienen o los master que han podido realizar por miedo, o bien a perder su trabajo, o bien a ser tenidos como “unos bichos raros” por quienes están en su entorno.

Es verdad que lo de que “nadie es profeta en su tierra” es, por desgracia, algo muy nuestro. Parece, muchas veces, que nos cuesta alegrarnos de tener entre nosotros a personas brillantes, personas que estudian, que se forman y buscamos la mediocridad como vía de escape en vez de apoyarnos en esas personas.

Por supuesto que hay gente que ha utilizado su formación (y lo sigue haciendo) de modo engreído o prepotente y ese es otro error garrafal. La formación de uno mismo solo es válida y buena si se pone al servicio de los demás, sino… mal asunto porque caeremos en nuestra propia trampa, igual que quienes se dicen a sí mismos que lo de formarse es una patraña y que no vale para nada. Dos prepotencias en dos extremos que, como siempre, se tocan.

Perseguir nuestros sueños es el objetivo y ahí lo que está en juego es nuestra capacidad de creer en nosotros mismos, nuestro esfuerzo, nuestra constancia y nuestro trabajo diario. Esa es la verdadera clave del éxito, no hay más. Algunos lo hacemos estudiando, otros trabajando, otros ideando, pero, en definitiva, detrás de esas grandes mujeres y esos grandes hombres se acaba descubriendo siempre que el secreto de su “éxito” ha sido siempre trabajo, trabajo y más trabajo.

No vendamos quimeras a quienes se están preparando para el mañana; formarse es bueno, nos abre la mente, nos ayuda a tener espíritu crítico y a que pensemos por nosotros mismos, y sin duda, nos dará la base de saber qué queremos hacer con nuestras vidas y para qué.

Hoy día, en el que se tiene a veces una sensación muy descorazonadora de que “todo vale”, de que parece que solo eres inteligente si has sabido ganar mucho dinero, no pongamos a la educación como un valor a la baja, sino que pongamos todo nuestro empeño para que la educación y las personas que educamos estemos en el sitio que la sociedad necesita.

Siempre seré estudiante, me encanta formarme, investigar, estudiar para poder después ponerlo al servicio de los demás, en nuestra profesión creo que no hacerlo así carecería de sentido y esto, lejos de hacerme sentir avergonzada, lo que me hace es sentirme muy viva por dentro.

Espero que esta breve y sencilla reflexión, casi casi como un pensamiento en voz alta, sirva para que nadie se sienta avergonzado ni tenga que callar qué formación tiene o está realizando por miedo a que a algunas personas les resulte tan incómodo que tengan que menospreciarles o ridiculizarles.

Es lo que tienen la ignorancia y la mediocridad… que son muy atrevidas.

Gracias por tanto

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