En una conversación reciente con un amigo, salió el tema de la fidelidad o la lealtad, no en el plano sentimental o de pareja sino en el ámbito laboral y de las organizaciones.

Nunca me había parado a analizar con profundidad las dos palabras y lo que implicaba cada una de ellas a ese nivel y, como os podréis imaginar, inmediatamente,  me lo llevé a mis chicos y chicas y comencé a preguntarme si los estábamos educando para ser personas leales o fieles en sus entornos laborales futuros.

Empecemos por la definición de ambos términos. En el diccionario de la RAE encontramos tres acepciones para lealtad:

  1. f. Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.
  2. f. Amor o gratitud que muestran al hombre algunos animales, como el perro y el caballo.
  3. f. p. us. Legalidad, verdad, realidad.

Y otras dos para fidelidad:

  1. f. Lealtad, observancia de la fe que alguien debe a otra persona.
  2. f. Puntualidad, exactitud en la ejecución de algo.

Es fácil ver que ambos términos están muy unidos y tienen una fuerte relación entre ellos, pero como dice mi amigo Guillermo Sánchez Prieto en su artículo De los peligros de la fidelidad y el mérito (aquí el articulo completo).

En la lealtad hay más actividad, más sentimiento, más entusiasmo que en la fidelidad. Es fiel a sus juramentos el que ejecuta con exactitud lo que ha jurado; es leal a una causa el que se sacrifica en su defensa.

La fidelidad supone la estricta ejecución de una tarea, pero en la lealtad, además, añadimos un poco de nosotros, de nuestras ganas, y de nuestra emoción, sin embargo, muchas personas entienden que en su trabajo o en el aula deben limitarse a cumplir estrictamente lo que se les ordena, sin cuestionar, sin opinar, unas veces por miedo y otras veces por un respeto mal entendido.

¿Qué queremos? ¿Un alumnado fiel o un alumnado leal? Lo que les demos y como les enseñemos, sin duda, contribuirá a su configuración en el futuro y nuestra insistencia para no hacerles solo fieles ayudará a que sean personas más críticas pero también más entregadas a su trabajo y más felices porque se sentirán más realizadas.

Si les enseñamos a ser fieles, a no decir qué les gusta o qué no, qué quieren o que creen que es mejorable, estaremos fomentando su lado leal y. al darles esa libertad para posicionarse desde su yo, les estamos dando también toda la responsabilidad lo que se puede traducir en más entrega, más compromiso.

En el artículo que cito, Sánchez Prieto nos habla de la procedencia de estos dos estilos:

La cultura de fidelidad o de lealtad depende del estilo de liderazgo que se aplique y de la cultura que se promueva. El experto en liderazgo e inteligencia emocional Daniel Goleman lo explica con claridad desde una vertiente psicosociológica al afirmar “cuando (…) el líder carece de resonancia, sus subordinados se “limitan” a llevar a cabo su trabajo sin dar lo mejor de sí mismos. Y es que, a falta de la adecuada dosis “de corazón” el líder puede saber mandar (…) pero ignorar no obstante el modo de dirigir”. Así, vemos que quizás los que ocupamos posiciones directivas somos los que alimentamos un cumplimiento fiel por parte de nuestros colaboradores o una actitud y unos comportamientos leales.

Estas palabras confirman la idea que veníamos desarrollando. En el aula ejercemos una función de liderazgo (sin duda, esto merecería otra entrada en el blog) que sirve de primer aprendizaje para enfrentarse después a un trabajo.

Podemos, en nuestras aulas, promover un alumnado fiel, que se limite a hacer las cosas correctamente, sin cuestionar, sin mostrar qué les gusta o qué no o que sería mejorable; seguramente nuestras clases serán muy cómodas, tranquilas y, por supuesto, planas; no se producirá ninguna mejora a no ser que nosotros la promovamos, siempre y cuando nos demos cuenta de que es necesaria, algo muy difícil si nos mantenemos en un nivel plano de aceptación incondicional de las normas.

Busquemos la lealtad en nuestras aulas, empezando por nosotros mismos para ser ejemplo para nuestros chicos y chicas. Sigamos unos principios porque realmente creemos en ellos y no porque nos sean impuestos, enseñemos a nuestro alumnado a que la crítica, cuando detrás de ella hay trabajo, sacrificio y entrega es buena y sana porque es constructiva y nos ayuda a mejorar.

Eduquemos para tener personas leales que quieran mejorar el mundo que les toque.

GRACIAS POR TANTO

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